¿Qué es una flor de asfalto? Te cuento un poco

Tú eres una flor de asfalto si vives en la ciudad y te cuesta trabajo -aunque lo intentes- sentirte cómod@ al contactar con ciertos aspectos de la naturaleza. Quizá de pequeñ@ te sucedieron cosas inquietantes, -a veces aterradoras- al estar afuera: Te persiguió una abeja o te cayó -de quién sabe dónde- el regalito de un pájaro. Y ahora que ya eres adult@, frente a tu casa hay un “latosísimo” árbol que se dedica a ensuciar tu banqueta con la caída de sus hojas otoñales y tiene telarañas. En una salida al parque te resbalas en el lodo, te asustan las lagartijas que aparecen por todos lados y... Entonces te reconoces: Alguien te dice que eres como una “flor de asfalto”: Una persona que vive en la ciudad y nomás no encuentra como amistarse con la naturaleza.

Es comprensible que esto nos suceda a muchas personas que crecimos aquí, entre el concreto, si quizá nadie nos enseñó, -o hasta nos asustaron- acerca de los peligros que podemos encontrar y simplemente hoy no sabemos fluir con este tipo de sucesos desagradables.

La naturaleza puede resultar perturbadora o hasta incómoda si además escuchamos noticias de deterioro climático, vemos tanta basura en las playas, los ambientalistas nos quieren limitar a hacer tantas cosas que de repente se nos antojan porque “estamos dañando a la naturaleza” o nos mortifican los virus que amenazan nuestra existencia. (Aquí entre nos, no es la naturaleza quien ha ocasionado esto, sino nosotros mismos.)

Pero ánimo... No se espera que amemos lo que no nos ha sido tan acogedor y que desconocemos… las cosas pueden cambiar.

Te cuento sobre la segunda...

 

Tú eres una flor de Asfalto si eres como esas que crecen en las ciudades. Sí, como aquellas diminutas y aparentemente delicadas que se dan cuenta que hay algo lleno de vida más allá de todo ese concreto gris donde les tocó vivir. Estas plantas son muy fuertes; con sus profundas raíces rompen el suelo y bscan profundamente agua y alimento; toman los nutrientes de las piedras, las paredes les proveen los minerales que requieren y absorben la humedad del ambiente. Si pasa un auto, un perro o reciben un pisotón humano, en menos de lo que te cuento se levantan, se sacuden y siguen creciendo como si nada. Ellas han escuchado un llamado interior, como si sintiesen esa responsabilidad de mantener el mundo verde.

 

Tú, como ellas, te decides a empujar con fuerza hacia arriba rompiendo el concreto y, casi sin tierra, tus raíces crecen en la ciudad, entre las paredes de los puentes, los techos solitarios y las orillas de las banquetas. Te instalas fuerte, floreciendo radiante y resistente, orgullos@ de atraer abejas y colibrís con tus colores y aromas tan atractivos, mirando hacia el sol, aguantando, a pesar de los aguaceros, de algunas miradas despectivas y de la contaminación. Expandiéndote cada día, llenando con tu resiliencia todo de verde, de alegría y de salud.

¿Te reconoces?

Si sientes ese llamado interior a florecer, ¡te felicito! y no te preocupes, eres mucho más fuerte de lo que aparentas y siéntete cómod@, pues ahí afuera hay much@s más flores de asfalto como tú, solo es cosa de que encuentres tu especie.

 

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